miércoles, 13 de diciembre de 2017

Santa Rosa de Lima (Bartolomé Esteban Murillo)


Murillo pinta este cuadro hacia 1668, el mismo año en que es canonizada Santa Rosa de Lima, hecho que tuvo gran resonancia por ser la primera santa de origen americano. Parece ser que la ejecución de la obra estuvo relacionada con el ingreso de Francisca María, hija única de Murillo, en el convento dominico de la Madre de Dios de Sevilla.
La Santa está representada en el jardín del convento en el momento en el que se le aparece el Niño Jesús, sentándose sobre la labor que estaba realizando la religiosa para sustentar a sus ancianos padres. El Niño le ofrece un puñado de rosas, al tiempo que la elige como esposa por lo que sale de su boca una frase en latín que dice: “ROSA CORDIS MEI TV MIHI SPONSA ESTO”. Junto al cesto de la labor hay un libro, posiblemente una de sus lecturas. Al fondo se aprecian unas arquitecturas que aluden al edificio conventual, con un seto con rosas y un árbol delante. Una luz dorada baña a los dos personajes, creando un espectacular efecto atmosférico que no permite renunciar al naturalismo con el que Murillo detalla la cesta, el libro, el rosario o el hábito de la monja.


viernes, 8 de diciembre de 2017

Trata de blancas (Joaquín Sorolla)


Sorolla pinta este cuadro en 1895. Es uno de los pocos ejemplos que se conservan en el Museo de su casa en Madrid del realismo social que cultivó entre 1890 a 1899. Representa a cuatro jóvenes prostitutas acompañadas de su “Celestina”, que duermen Enel interior de un vagón de tercera clase. Uno de los mayores aciertos del cuadro es la composición que avanza hacia afuera proyectándose mediante una fuga perspectiva muy forzada, y que logra que, a pesar de que los personajes, casi todos dormidos, ignoren al espectador, éste se sienta implicado por esa mera atracción espacial que ejerce la composición.



lunes, 4 de diciembre de 2017

El enigma sin fin (Salvador Dalí)


Dalí realiza esta obra en 1938, y al año siguiente fue expuesta en la galería de su representante en Nueva York, Julien Levy. En el catálogo que publicaron de la exposición se incluyeron, adicionalmente, seis dibujos que explicaban la progresiva descomposición de la imagen y sus posibles interpretaciones.
La primera se refiere a la playa del Cabo de Creus, sobre el que se recorta una figura femenina vista de espaldas en el acto de coser una vela y arreglar el bote. La segunda es un filósofo reclinado que no tiene nada que ver con la anterior. La tercera se detiene en la descripción del rostro de un deficiente mental tuerto. Junto a ésta, la cuarta posibilidad de lectura define a un animal, un galgo. La quinta, a un instrumento musical, una mandolina. La sexta, a un frutero con peras y dos higos sobre una mesa y, por último, la séptima, a un animal mitológico.
El desarrollo del método de la paranoia-crítica al que había llegado Dalí, había revolucionado la pintura surrealista hasta sus últimas consecuencias en el año 1939. Al respecto, el líder de los surrealistas franceses, André Breton, argumentaba que dicho método servía también para "confeccionar pasatiempos tipo crucigramas".