miércoles, 13 de junio de 2018

San Sebastián (Martín Bernat)

En el Museo Diocesano de Jaca se expone esta tabla gótica que representa a San Sebastián. Formó parte del retablo de San Sebastián de la iglesia bajo la misma advocación de la localidad zaragozana de Piedratajada. En 1975 fue robada del templo, y recuperada en 2013 por la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía después de que la Policía Judicial portuguesa la localizara y alertara de que iba a ser exportada al Reino Unido para una subasta.
Se trata de una pintura al óleo de 13,5 x 93 cm. Datada en el último tercio del siglo XV, y atribuida por Mª Carmen Lacarra a Martín Bernat, junto con el resto del retablo. Era la tabla central del retablo, a la que acompañaban en las calles laterales San Fabián y San Cristóbal, un Ecce Homo centraba el banco a cuyos lados se representaban cuatro escenas hagiográficas de San Sebastián: la prisión, el Santo ante el emperador, el martirio y el entierro. Remataba el retablo un Calvario en el ático. Las tablas de San Fabián y San Cristóbal se conservan en la iglesia de Piedratajada.

lunes, 4 de junio de 2018

La entrada en el Arca de Noé (Jan Brueghel el Joven)


En este óleo sobre tabla, Brueghel representa un paisaje con algunas figuras de pastores y pastoras y multitud de animales, la mayoría de ellos por parejas, salvo el gran caballo que ocupa el centro. Los expertos opinan que el tema parece corresponder a la difusión de los animales a la salida del Arca tras el Diluvio. (texto extraído del catálogo en línea del Museo Lázaro Galdiano)


miércoles, 30 de mayo de 2018

Pescadoras valencianas (Joaquín Sorolla)

En este cuadro que Sorolla pinta en 1915 representa a un grupo de pescadoras en las playas de Valencia. Fuertemente ancladas a la arena, resistiendo el viento que azota sus ropas, tres mujeres esperan en la orilla la llegada de las barcas cargadas con el pescado del día, con el que llenarán sus cestas para vender luego al por menor en los puestos del mercado. La monumentalidad de sus figuras parece inspirada por los grandes formatos en que está trabajando para el encargo americano de la Hispanic Society en que está inmerso en esos años (1912-1919, pero también por un deseo de darles dignidad, como homenaje y testimonio de su admiración por estas mujeres, duras trabajadoras que acuden a su cita con el pescado cargando con sus hijos y en impecables vestidos blancos. (texto extraído del catálogo en línea del Museo Sorolla de Madrid)

viernes, 25 de mayo de 2018

Tres cabezas de cordero (Pablo Ruiz Picasso)

Los tiempos de guerra aportan a la obra de Picasso los temores que ésta le provoca. En “Tres cabezas de cordero”, pintada en 1938, con posterioridad al Guernica, no refleja tan directamente el tema de la muerte, pero sí su esencia. Combina a partes iguales la figuración y la disociación, ya que está presente la perspectiva y la representación natural, pero combinadas la vista frontal y la posterior. De esta manera se observa sin dificultad como en el cráneo superior no cuadra la línea de los ojos con la de las mandíbulas, pero en el conjunto de la composición, Picasso sigue respetando la perspectiva, ya que está bien definida una línea horizontal con la que distingue, además de con el colorido diferente, la mesa de la pared. Son formas naturales con unos toques de cubismo que el pintor todavía tenía impregnadas en su esencia
“Tres cabezas de cordero” representa una escena en la que Picasso trata de expresar el dolor y la frustración que siente por el avance de los fascismos en el mundo. Muestra a través de unos frívolos y sangrientos cráneos la preocupación hacia la creciente violencia. Ha pintado la muerte sobre una mesa cubista, pero aparece maquillada tras unos colores cálidos, aunque demasiado rojizos para llenar la composición de esa sensación agria que la inestabilidad política le estaba produciendo. Con este cuadro continúa con su producción de obras de su etapa expresionista, con la que se abre ante el mundo para expresar lo que la guerra le estaba causando internamente.

martes, 15 de mayo de 2018

San Francisco de Asís (El Greco)

El Greco representa en este cuadro a San Francisco de Asís en figura de medio cuerpo con las manos cruzadas sobre el pecho y los ojos alzados hacia un resplandor en la parte superior izquierda del lienzo; en la parte inferior, en primer término, la calavera sobre una especie de antepecho rocoso. Por la técnica empleada se sitúa en los inicios de su estancia en España, concretamente entre 1577 y 1580, y entre los críticos se considera una obra de calidad muy significativa. Se subraya, sobre todo, la belleza de las manos, sensibles y expresivas, y la mirada alzada, de noble belleza varonil, en apasionado gesto de amor y arrobo (texto extraído del catálogo en línea del Museo Lázaro Galdiano, donde se expone esta obra)