Pintura al óleo sobre tabla, que
formaba parte de un retablo, atribuida a Miguel Jiménez, de procedencia
aragonesa. Representa a San Blas, obispo de Sebaste (Sivas) en Armenia. A San Blas en
Aragón se le dedicaron iglesias y retablos en distintas localidades durante el
siglo XV. Aquí viste los atavíos episcopales de su cargo, alba, tunicela, capa
pluvial de brocado y mitra. Está de pie, vuelto hacia el lado derecho, con el
báculo en la mano izquierda y gesto de bendecir con la derecha. Se le
identifica por el peine de hierro (pectinibus ferreis) o rastrillo de cardar el
cáñamo con el que desgarraron sus carnes durante su martirio, atributo habitual
que tiene al lado. Se encuentra delante de un muro de color gris terminado en
crestería gótica que separa la estancia que ocupa del jardín del que asoman dos
árboles cuya silueta se recorta sobre un fondo dorado. El suelo reproduce un
pavimento de azulejos blanco y rojo. (texto
extraído del catálogo on-line del Museo Lázaro Galdeano, donde se expone este
cuadro)
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martes, 21 de mayo de 2019
miércoles, 28 de marzo de 2018
Nuestra Señora del Rosario (Miguel Jiménez ó Ximénez)
Esta pintura, actualmente en el
Museo de Huesca, forma parte de un conjunto de cinco tablas de un retablo
procedente de la Iglesia de San Pablo de Zaragoza. Cuatro de ellas representan
a santos entronizados (San Pedro mártir de Verona, San Bartolomé apóstol, San
Esteban protomártir y Santo Domingo de Guzmán) y la quinta la imagen sedente de
Nuestra Señora del Rosario ocupando el lugar central como posible titular del
retablo. Las tablas de San Bartolomé, La Virgen y San Esteban llevan en la
parte superior una franja con el mismo brocado de motivos florales y vegetales.
La Virgen se representa en primer
plano, en posición sedente, en tres cuartos hacia su izquierda. Viste túnica
granate con cuello y puños resaltados y manto azul con el reverso adamascado en
verde y ribetes dorados en relieve. Luce una larga melena, rizada y suelta;
sobre su cabeza porta una corona rodeada por una aureola, ambas de oro en
relieve. Con sus manos sostiene al Niño que, de pie y desnudo, se mantiene en
su regazo, sujetando en su mano izquierda un rosario; su cabeza está enmarcada
también por un nimbo de oro. Madre e hijo están circundados por una guirnalda o
rosario de forma ovalada, a modo de mandorla, cuyas cuentas son rosas blancas,
separando cada decena por una rosa roja.
A los pies de la Virgen se
observa el creciente lunar y tras ella, unos rayos de sol en un foco luminoso
rojo y amarillo. Estos elementos aluden a la Inmaculada Concepción, basada en
la descripción del Apocalipsis 12,1., además de las rosas y los lirios que
adornan el pavimento.
En segundo término, sobre un
fondo dorado, flanqueando a la Virgen y al Niño, un ángel a cada lado, de pie.
Sujetan y extienden un dosel, y al desplegar sus coloreadas alas parecen
cobijar y, al mismo tiempo resaltar al grupo de María y Jesús, en un espacio
cuya referencia espacial física viene dada por las baldosas del pavimento
dispuestas en fuga para proporcionar la profundidad. (texto extraído de la ficha del CERES)
domingo, 25 de febrero de 2018
Caja sepulcral de Doña Francisquina de Eril y Castro (Miguel Ximénez)
En 1494 Miguel Ximénez realiza para el Monasterio de Sijena el retablo de la capilla de San Juan Bautista y la caja sepulcral de Doña Francisquina de Eril y Castro, priora del cenobio de 1485 a 1494.
Este ataúd de madera es el más moderno de los cuatro que se conservan (tres ahora en el Monasterio y el cuarto en el Museo de Zaragoza), y forma parte del conjunto de piezas que fueron reintegradas al Monasterio oscense procedentes del Museo Diocesano y Comarcal de Lérida, donde se encontraban en depósito (las fotografías que acompaño corresponden a su antigua ubicación en el museo ilerdense). Ximénez sigue en esta obra los modelos creados por Blasco de Grañén en los dos anteriores, más de medio siglo antes. En el frente de la caja, sobre un fondo de brocado, destacan los escudos heráldicos de la finada, que se representa yacente sobre una de las tapas, vestida con el hábito de la Orden de San Juan, las manos cruzadas sobre la cintura, un rosario al cuello y la cabeza apoyada sobre un cojín. Como se podrá apreciar en los posts siguientes el tratamiento naturista del rostro y las manos, así como los quebrados pliegues de la toca muestran la evolución entre los otros dos ejemplos más antiguos y este, a pesar de seguir el mismo esquema.
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Miguel Ximénez,
Monasterio de Sigena
viernes, 14 de abril de 2017
miércoles, 21 de diciembre de 2016
San Bartolomé (Miguel Ximénez)
Esta pintura, actualmente en el Museo de Huesca, forma parte de un conjunto de cinco tablas de un retablo procedente de la Iglesia de San Pablo de Zaragoza. Cuatro de ellas representan a santos entronizados (San Pedro mártir de Verona, San Bartolomé apóstol, San Esteban protomártir y Santo Domingo de Guzmán) y la quinta la imagen sedente de Nuestra Señora del Rosario ocupando el lugar central como posible titular del retablo. Las tablas de San Bartolomé, La Virgen y San Esteban llevan en la parte superior una franja con el mismo brocado de motivos florales y vegetales.
San Bartolomé se representa en primer plano, de cuerpo entero, sentado ligeramente en tres cuartos hacia su izquierda. Va vestido con túnica y manto blanco salpicado de grandes flores que se repiten simétricamente y ribeteado en oro. Luce melena larga y barba bifurcada negras. Rodea su cabeza doble aureola dorada. Bajo su brazo derecho sujeta un libro, Sus atributos personales son el alfanje que toma por la empuñadura con su izquierda, instrumento con el que fue desollado vivo, y los demonios encadenados, situados a sus pies al lado izquierdo; a uno de ellos lo pisa aludiendo a las dos veces en las que el santo encadenó al diablo, cadena que sujeta con su diestra.
El sitial se eleva sobre una plataforma de perfil poligonal. Está decorado con molduras y rosas. El respaldo queda cubierto por un paño de telas recamadas.
Su martirio le supuso el patronazgo de las corporaciones que trabajaban el cuero. En lo referente al pasaje del demonio se le invocó contra los espasmos, convulsiones y enfermedades nerviosas en general.
La entonación general de la pintura es oscura, aunque la capa del santo y los brocados resaltan la contrarrestan.
miércoles, 28 de septiembre de 2016
La mujer adúltera (Miguel Ximénez)
Miguel Jiménez plasma en este cuadro el pasaje del Evangelio de San Juan (8,1-11) en el momento en que escribas y fariseos presentan ante Jesús a una mujer cogida en adulterio. A la izquierda aparece el grupo formado por la mujer y sus acusadores. Ésta mira a Jesús con las manos cruzadas sobre su pecho, mientras la sujetan de los brazos dos miembros del grupo. Tras ellos asoman otras cuatro figuras masculinas. Frente a ellos, y en la misma línea de la mujer, se representa a Jesús, descalzo, con barba y cabellos largos, luciendo una doble aureola dorada. Todas las figuras están de pie, dispuestas de perfil, de frente o en tres cuartos, atendiendo a las palabras de Jesús. En su vestimenta muestran la variedad y riqueza de los trajes y tocados de la época, no solo en las telas sino también en los adornos con oro y perlas. El colorido es rico en tonos fuertes de rojos, verdes, marrones, grises y blancos, que contrastan y resaltan con los oros en brocados, ribeteados de los trajes y aureolas. La escena se desarrolla en el interior de un templo, donde llama la atención la puerta del fondo y su vano dorados. La bóveda y el pavimento, con azulejos alternantes decorativos y de color, marcan la perspectiva.
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