domingo, 11 de diciembre de 2011

El Buen Pastor de Mochales (Guadalajara)


En la exposición permanente del Museo Diocesano de Sigüenza podemos contemplar una hermosa talla de marfil proveniente de la iglesia de la localidad de Mochales en el Señorío de Molina. De estilo luso-hindú, de finales del siglo XVI y labrada de bulto redondo, representa a un joven pastor sentado sobre unas piedras en lo alto de un monte.
Está en actitud de reposo, durmiendo en son de paz, con la cabeza ligeramente inclinada hacia la izquierda, apoyada en la mano semicerrada. Con el otro brazo extendido sujeta y protege a un pequeño cordero, alegoría del buen pastor que salva al cordero como alegoría del alma del pecador que ha salido al camino de la salvación.


Se viste con una túnica abierta por delante que cae hacia la rodilla, atada a la cintura. Las mangas cubren hasta la mitad del antebrazo. Sobre el hombro derecho se sitúa un pequeño perro echado sobre sus patas traseras, con la cabeza erguida, tal vez en posición de tranquila vigilia. Tanto la túnica, como las pieles del perro y cordero tiene una uniformidad decorativa que denotan ser parte de un todo.
El monte sobre el que se asienta el buen pastor aparece compartimentado en dos niveles. En el primero se ha colocado la fuente de la vida, de la que beben algunas de las ovejas del rebaño. Debajo, en el mismo centro, aparece representado frontalmente y con ademanes desafiantes, un perro que vigila el rebaño que, extendido por las laderas del monte, pasta o alivia su sed. Sobre el perro se sitúa una especie de atlante con cara de sufrimiento que carga sobre sus espaldas con los brazos extendidos, como si fuera un crucificado, la fuente de la vida.


En el frente del nivel inferior podemos ver la figura yacente de una de las mujeres penitentes, María Magdalena o María Egipciaca. Sus vestiduras, sin ningún tipo de decoración, envuelven completamente el cuerpo dejando al descubierto únicamente los brazos, el derecho señalando la línea de lectura en un libro abierto sobre el suelo, y el izquierdo doblado apoya el codo sobre una calavera y sujeta la cabeza elevada para poder leer. Sin embargo, no lee sino que tiene la mirada perdida, lo que le confiere un aspecto pensativo de serena tranquilidad. A un lado, cercano a la cabeza, aparece un Cristo crucificado. A sus lados, en sendos huecos más pequeños, se colocan eremitas arrodillados ante el Crucificado.


El tema del Buen Pastor fue muy frecuente en la iconografía del arte cristiano primitivo, apareciendo ya en el siglo II. Más tarde, en el siglo V, desapareció para resurgir con fuerza a finales del XVI en Francia y Portugal. Esta talla de Mochales difiere del modelo clásico en la ausencia de vendajes en las piernas y la sustitución de la flauta por el cayado, fruto de la asimilación que los misioneros portugueses hicieron de Buda y Jesús. Contemplar esta talla “en vivo” debe de ser un motivo más, como vengo diciendo ya en otros post, para planificar una visita al magnífico y poco conocido Museo Diocesano de Sigüenza. Seguro que no saldréis defraudados.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Plaza de Anticoli: la hora del ordeño (Mariano Barbasán)


Mariano Barbasán pinta este óleo sobre lienzo en 1922, durante su estancia italiana que duró unos treinta años. Se representa la plaza del pueblo de Anticoli Corrado, donde la arquitectura solamente es el escenario donde el verdadero protagonista es un rebaño de cabras. Al fondo, un grupo de personas parecen estar ajenos a lo que está aconteciendo, que es que un numeroso grupo de cabras se dispersa por la plazoleta, mientras unas mujeres y niños observan el ordeño de una de ellas. Obra ya de madurez, destaca la luz que lo invade todo, el vivo colorido y el juego de sombras que configuran una composición armoniosa.
El pintor encontró en este pequeño pueblecito italiano el lugar ideal donde pasar los meses estivales. Sus casas, plaza y paisajes, le sirvieron de inspiración para sus obras de temática costumbrista, a modo de instantáneas fotográficas que reproducen fielmente una realidad vivida muy intensamente por Barbasán.

martes, 6 de diciembre de 2011

Santa Ana, la Virgen y el Niño (Damián Forment)


En la década de 1530-1540, Forment realiza esta talla de alabastro policromada que representa a Santa Ana, la Virgen y el Niño. Esta iconografía de las tres generaciones es muy recurrente en la obra del artista, que utilizó hasta cuatro composiciones diferentes, de las que esta obra es la que presenta unas características renacentistas más acentuadas.
Destaca en el conjunto la elegancia de las formas, el plegado de las ropas que sirven para el estudio anatómico de las figuras. Con el contrapposto de la figura del Niño en diagonal, enlaza las imágenes de la Virgen y Santa Ana que se mantienen en equilibrio entre ellas. El resultado es una composición bellísima. Se trata, en definitiva, de una obra de madurez en la que se pone de manifiesto la elegancia de su estilo y la plena aceptación de las formas clásicas.
                                      

domingo, 4 de diciembre de 2011

Virgen con el Niño de Troncedo (Huesca)



Una segunda talla proveniente  de la localidad sobrarbense de Troncedo que podemos contemplar en el Museo Diocesano de Barbastro es una Virgen con el Niño que se veneraba, al igual que la de San Miguel del post anterior, en la pequeña iglesia de San Victorián. Se trata de una talla en madera policromada, obra de un taller ribagorzano activo en el siglo XV, que representa a la Virgen coronada en pie que lleva al Niño sobre su brazo izquierdo en posición de bendecir con la mano diestra y sujetando el orbe en la izquierda.


sábado, 3 de diciembre de 2011

San Miguel de Troncedo (Huesca)


La pequeña localidad de Troncedo, dependiente administrativamente del municipio de La Fueva, se ubica en el Sobrarbe oscense. Su núcleo urbano lo conforman dos caseríos. El primero, que se asienta en la cresta de un cerro en torno al castillo e iglesia parroquial, es probablemente el más antiguo. El segundo, conocido como “Casas de San Ángel” se levanta debajo del anterioren torno a un templo que parece ser estaba consagrado a San Miguel, aunque actualmente lo está a San Victorián.
De esta última iglesia son las tres tallas en madera policromada de San Miguel, la Virgen con el Niño y Santa Bárbara que forman parte de la exposición permanente del Museo Diocesano de Barbastro. Durante la segunda mitad del siglo XV se tiene constancia de la existencia de un taller de imaginería que proveyó de imágenes para el culto a numerosas localidades altoaragonesas, entre ellas Troncedo, para las que se realizaron estas tres tallas que presentan  evidentes similitudes en su técnica, estilo y en el tratamiento de los rostros.


La imagen de San Miguel ha perdido el antebrazo derecho con la lanza, la balanza y las alas, aunque quedan los huecos practicados en la parte posterior para acoplarlos. La cabeza del joven de melena dorada y rizada, se ciñe con una diadema. Sus ojos, almendrados y entreabiertos, son azules y su boca pequeña. Recuerda al modelo de belleza difundido en las corrientes estilísticas europeas a mediados del siglo XV.
El santo se cubre con una capa roja sujeta con un broche y delicadamente decorada a base de placas de estaño grabado y aplicadas a modo de orla decorativa para imitar con realismo los tejidos enriquecidos con cenefas de hilos de plata y oro. Bajo la capa viste una armadura. El pecho se protege con un peto del que cuelga el faldar, compuesto por unas tiras cilíndricas. Por debajo asoma una cota de malla terminada en dientes de sierra. A cada extremidad se acopla la pieza correspondiente: al brazo, el guardabrazo; al antebrazo, el avambrazo; al muslo, el quijote; y a la pierna, la greba o canillera. A las articulaciones se amoldan los codales y las rodilleras. El Diablo, que ha adquirido forma de dragón alado, se revuelve contra el santo que le ha derrotado con una lanza, que tal vez portara en la mano izquierda.