Rubens toma en esta obra un
modelo exótico, de acusados caracteres raciales, y lo pinta en cuatro
posiciones diferentes con otras tantas expresiones, usando una paleta limitada
de la que están proscritos los colores brillantes de su producción habitual. Es
un ejercicio y una disciplina a que se somete el autor en busca de la
intensidad, donde se muestra elocuentemente el rigor que profesaba Rubens, ese
rigor que sirve de oculto y sólido soporte a su opulencia barroca. El
personaje, inconfundible en sus facciones, aparece en otras obras del mismo
pintor, especialmente en algunas de sus epifanías. También se le ha reconocido
en cuadros de Van Dyck. Hay que suponer, pues, que el negro fue modelo de ambos
artistas en Amberes por los años 1615 a 1620, que es el período a que
corresponde el cuádruple retrato.
viernes, 8 de junio de 2012
miércoles, 6 de junio de 2012
Isabel de Madrazo Garreta ante el piano (Luis de Madrazo)
Luis de Madrazo pinta este
retrato de su sobrina y cuñada Isabel cuando contaba unos 22 años. Se trata de
una elaborada composición, cercana a la pintura costumbrista de la época, donde
Isabel aparece de pie, vestida de negro y con mantilla blanca. El retrato está
ambientado en un interior, posiblemente el mismo domicilio de la joven, en el
que destaca el tapiz flamenco en el muro del fondo y un piano vertical con
candeleros de bronce dorado y partituras. El instrumento musical es una clara
alusión a la afición a la música de la retratada, que era una experta pianista
y cantante, y como tal participaba en tertulias y conciertos familiares y de
amigos.
Cronológicamente se sitúa esta
obra antes de la partida de Isabel a Paris en 1868. Por entonces, también la
retrató Mariano Fortuny, y Federico lo hizo en 1875 en la capital francesa en
un espléndido óleo que se quemó en el incendio acaecido en Lekeitio.
Este retrato recuerda mucho al
que pintó Federico de Isabel Falcó y Osorio, hija de los duques de Fernán
Núñez, a cuyo palacio acudía frecuentemente Isabel de Madrazo para asistir a
bailes y representaciones. En ambas pinturas, las protagonistas lucen vestido
negro, se cubren con mantilla blanca y sostienen en la mano un abanico cerrado
lunes, 4 de junio de 2012
Santa Cecilia (Jusepe Martínez)
Jusepe Martínez, considerado como
la figura pictórica más relevante del primer barroco en Aragón, viajó a Italia
a los 23 años, donde estudió la pintura veneciana y a Carracci y tomó
influencias de las obras de Reni y Domenichino. La influencia italiana queda
bien patente en este cuadro que representa la aparición de un ángel a Santa
Cecilia. La elegancia y delicadeza del personaje en actitud contemplativa, se
une en una composición diagonal a través de la mirada y el gesto, con la visión
celestial.
La riqueza de la indumentaria, el
laúd y los libros de partituras reciben un tratamiento pormenorizado en el que
sobresale el dibujo preciso y las exquisitas calidades cromáticas. La atmósfera
creada por las nubes y la luz crepuscular que envuelve la aparición celestial,
cran el fondo y actúan como un intenso foco luminoso lleno de matices.
domingo, 3 de junio de 2012
Lamento sobre el cuerpo de Cristo (Petrus Christus)
Petrus Christus (1415-1472), fue
un pintor flamenco que trabajó, sobre todo, en la ciudad de Brujas y del que se
dice que pudo ser discípulo de Jan Van Eyck, algo todavía no demostrado, aunque
en su obra se ve con claridad el influjo de aquél, tanto en el gusto por la
perspectiva lineal, como en el uso de la veladuras o la forma de aplicar el
color.
Este cuadro del “Lamento sobre el
cuerpo de Cristo” está concebido con un criterio monumental, situando la escena
en un anchuroso paisaje para colocar sobre él un grupo central muy bien
construido por el escalonamiento de las figuras en torno a la Virgen y ligado
abajo por la curva del cuerpo de Cristo y su sudario. Las figuras secundarias,
a los lados, acompañan a esta magistral composición. La impronta inconfundible
de Christus queda patente en el profundo sentimiento que expresa y en la
exquisitez con que maneja los colores, logrando riquísimos matices de verde o
llegando a una gran delicadeza con sus tonos violetas y malvas.
sábado, 2 de junio de 2012
La Odalisca (Mariano Fortuny)
Durante el tiempo que estuvo en
Roma como pensionado, Mariano Fortuny se vio obligado a realizar una serie de
obras que debía enviar a la Diputación Provincial de Barcelona. Estas
composiciones tenían que ser básicamente estudios anatómicos, la copia de un
cuadro de un autor clásico y una composición al óleo nacida en la imaginación
del artista sobre un hecho de la historia general de Cataluña. Sin embargo,
esta pintura fechada en 1861 fue la primera obra que Fortuny mandó a la
Diputación.
La temática del cuadro responde
al primer viaje del pintor a Marruecos para realizar una serie de cuadros de
batallas donde se exaltaran los éxitos del general Prim y los soldados de
Cataluña en la Guerra de África. Odalisca es una de sus primeras incursiones en
la temática orientalista, aunque adaptó un lenguaje muy convencional y enfocado
a la visión europea que se tenía sobre estos asuntos. Fortuny mostró una imagen
muy típica del mundo oriental, tratada con anterioridad por otros muchos
artistas europeos, como Ingres o Delacroix.
La odalisca, esclava dedicada al
servicio del harén del Gran Turco, aparece tendida sobre un paño de seda
labrada, sin hacer nada, disfrutando de los placeres de la vida mientras
escucha la música que toca un eunuco retirado en la oscuridad de la sala. Al
fondo apreciamos diversos objetos de clara inspiración árabe como un arcón de
madera labrada con decoración geométrica, una bandeja de plata o una pipa de
agua junto a una pequeña taza de té.
Mediante la voluptuosidad de las
formas desnudas del cuerpo de la odalisca, el pintor transmitió gran
sensualidad y hedonismo. Por lo que se refiere a la técnica, cabe destacar la
gran maestría con que recrea los efectos de la luz sobre las carnes de la
odalisca. Pese a la disconformidad de una parte de la crítica, el éxito de esta
pieza entre el público fue notable.
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