Mostrando entradas con la etiqueta Francisco de Zurbarán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francisco de Zurbarán. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de agosto de 2018

San Diego de Alcalá (Francisco de Zurbarán)


Zurbarán representa a San Diego de Alcalá en figura de más de medio cuerpo y tamaño natural, sobre un fondo plateado uniforme. El Santo, con la cabeza inclinada mirando al espectador, tiene recogido con ambas manos el hábito sobre el que muestra las rosas en que se han convertido los panes que llevaba a los pobres. Bajo la manga derecha son visibles las llaves. (texto extraído del catálogo del Museo Lázaro Galdiano, donde se expone la obra)


martes, 10 de abril de 2018

La Virgen de la Merced (Francisco de Zurbarán)


Zurbarán representa a la Virgen coronada de rosas, con el escudo de la Merced sobre el pecho y sentada sobre un trono de nubes. Sostiene en pie al Niño, vestido de blanco, que se apoya sobre la mano izquierda de su madre y la abraza con el brazo izquierdo, mientras extiende el derecho en gesto de bendecir. Un haz de rayos luminosos emana de la cabeza de la Virgen e ilumina una aureola de cabecitas de querubines entre nubes doradas. (texto extraído del catálogo en línea del Museo Lázaro Galdiano, donde se expone esta obra)


miércoles, 23 de octubre de 2013

San Francisco de Asís (Francisco de Zurbarán)



Zurbarán pintó abundantes óleos de San Francisco, por la gran devoción que le tenía por llevar su mismo nombre. De las amplia variedad de representaciones del Santo, el artista elige en este caso una aparición milagrosa ya muerto al papa Nicolás V, que vio su cuerpo incorrupto de pie tras una reja, con las manos cruzadas sobre el pecho y los ojos abiertos como si estuviera vivo. Para que se sepa que el cuadro se refiere a este milagro, la muerte debe de ser patente, por lo que el cuerpo ofrece una evidente rigidez, acompañada de un rostro amarillento y con la piel tirante, lo que contrasta macabramente con la postura erguida como de “vivo”.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Inmaculada Concepción (Francisco de Zurbarán)


En esta versión, de las varias que hizo Zurbarán de este tema, María aparece de pie sobre cinco querubines que ocupan media luna. Luce un collar con el anagrama A[ve] M[aría], mientras una multitud de estrellas y de angelitos se confunden en medio de las nubes en la aureola que le rodea la cabeza. En la parte alta, a los lados hay dos ángeles con lirios, rosas (atributos de pureza) y tablas con inscripciones del «Cantar de los cantares». En la baja aparecen dos colegiales y símbolos que se atribuyen a María: Espejo sin mancha, Escala de Jacob, Puerta del cielo y Estrella de la mañana. Ésta es una de las varias versiones que Zurbarán hizo de este tema.


viernes, 19 de octubre de 2012

Santa Faz –Paño de la Verónica- (Francisco de Zurbarán)

Este óleo que Zurbarán pinta en 1658 procede de la ermita de la Virgen del Carmen de la localidad vallisoletana de Torrecilla de la Orden, y actualmente se expone en el Museo de Escultura de Valladolid. Entre los años 1570 y 1573, Santa Teresa de Jesús pasó por Torrecilla de la Orden en uno de sus viajes desde Medina del Campo a Salamanca, y aconsejó a sus habitantes se erigiese una ermita dedicada a la Virgen del Carmen en el conocido como Cerrillo de San Ginés, terreno propiedad de la orden carmelita. situado a un kilómetro del pueblo en un altozano que permite su contemplación desde los alrededores. En el ático del retablo se encontraba este cuadro hasta 1968, fecha en que es trasladado al Museo vallisoletano.
 


El tema de la Santa Faz nace de la Pasión de Cristo. Durante la subida al Calvario es atendido cariñosamente por una mujer que le seca el rostro con su velo, quedando impresa en el mismo la huella de su rostro dolorido. La reliquia fue conservada por la mujer que, supuestamente, la legó a la Iglesia que la custodia desde entonces. Zurbarán realiza varios cuadros sobre el tema, representando el paño a la manera de los flamencos, sostenido por dos o tres alfileres. En este caso, el paño está anudado y tiene un solo alfiler en el centro, lo que provoca múltiples pliegues y sombrados que dan mayor naturalidad a la imagen. Para aumentar este efecto de realidad, Zurbarán firma como acostumbra en un papelito en el ángulo inferior izquierdo, como se si tratase de un papel de verdad pegado sobre el lienzo.