De este cuadro, que Brueguel el Viejo pinta en 1565, y que se conserva en los Reales Museos de Bellas Artes de Bruselas, haría más tarde dos copias su hijo Pieter Brueghel el Joven, una de las cuales se puede ver en el Museo del Prado. El cuadro representa un amplio panorama con una aldea entre cuyas casas serpentea un canal helado salpicado por numerosos personajes patinando o jugando al colf (juego que tiene su origen en el siglo XIII y que causó furor en el XVII, hasta tal punto que los municipios tuvieron que dictar regulaciones que lo restringían a determinadas áreas fuera de la ciudad, y que finalmente quedó prohibido. Sobrevivió en Escocia, y desde allí volvió al continente en el XIX transformado en el golf actual). El papel predominante de la trampa para pájaros a los pies del árbol situado en primer plano y la presencia de los patinadores han llevado a algunos autores a interpretar esta escena como una alegoría moralizante sobre la fragilidad de la existencia humana, que está expuesta a peligrosas trampas.
Mostrando entradas con la etiqueta Pieter Brueghel el Viejo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pieter Brueghel el Viejo. Mostrar todas las entradas
martes, 31 de mayo de 2016
Paisaje nevado con patinadores y trampa para pájaros (Pieter Brueghel el Viejo)
De este cuadro, que Brueguel el Viejo pinta en 1565, y que se conserva en los Reales Museos de Bellas Artes de Bruselas, haría más tarde dos copias su hijo Pieter Brueghel el Joven, una de las cuales se puede ver en el Museo del Prado. El cuadro representa un amplio panorama con una aldea entre cuyas casas serpentea un canal helado salpicado por numerosos personajes patinando o jugando al colf (juego que tiene su origen en el siglo XIII y que causó furor en el XVII, hasta tal punto que los municipios tuvieron que dictar regulaciones que lo restringían a determinadas áreas fuera de la ciudad, y que finalmente quedó prohibido. Sobrevivió en Escocia, y desde allí volvió al continente en el XIX transformado en el golf actual). El papel predominante de la trampa para pájaros a los pies del árbol situado en primer plano y la presencia de los patinadores han llevado a algunos autores a interpretar esta escena como una alegoría moralizante sobre la fragilidad de la existencia humana, que está expuesta a peligrosas trampas.
lunes, 29 de diciembre de 2014
viernes, 10 de octubre de 2014
El vino de la fiesta de San Martín (Pieter Brueghel el Viejo)
Este cuadro, que se conserva en los Reales Museos de Bellas Artes de Bélgica en Bruselas, es una copia del que hay en el Museo del Prado de Madrid. De grandes dimensiones, como la mayoría de obras de Brueghel, representa una fiesta popular, tema también muy recurrente en el pintor.
Tal y como suele ser habitual en
sus cuadros, la composición es muy compleja, con multitud de personajes que se
agolpan en torno a un gran tonel rojo, en el centro del cuadro, para conseguir
el vino que de él mana. Mientras unos lo beben ávidamente, otros corren con
diversos recipientes, incluso sombreros, a recogerlo. No faltan alusiones a las
consecuencias del exceso de su consumo, en forma de un hombre que yace
inconsciente totalmente ebrio a la izquierda de la composición. No faltan
madres que se acercan a recoger el licor con sus hijos, e incluso una de ellas
en este mismo lado le da de beber al suyo.
A la derecha aparece San Martín
de Tours, con elegantes vestiduras, a lomos de un caballo y rodeado de varios
mendigos que suplican su auxilio. El Santo, con la espada desenvainada, se
dispone a partir su capa para compartirla con uno de estos pobres.
viernes, 26 de abril de 2013
Paisaje con la caída de Ícaro (Pieter Brueguel el Viejo)
Pintura al óleo atribuida a
Brueguel el Viejo, aunque con reservas desde que se examinó en profundidad en
1996; es probable que se trate de una versión de un original de Brueguel que se
ha perdido. Se desconocía su existencia hasta que la adquirió el Museo de
Bellas Artes de Bélgica en 1912. Es la única obra del pintor con temática
mitológica y también el único óleo sobre lienzo, ya que el resto de su
producción sobre lienzo son témperas.
En la mitología griega Ícaro consiguió
volar con alas hechas de plumas pegadas con cera, pero se acercó tanto al sol
en su vuelo que la cera se fundió y cayó al mar donde se ahogó. Sus piernas se
pueden ver en el cuadro sobresaliendo del agua junto al barco más grande.
El labrados del arado, el pastor
y el pescador aparecen citados en “Las Metamorfosis” de Ovidio, relato en el
que se basa el cuadro, aunque la descripción que se hace en el mismo de estos
personajes que “están asombrados y creen ver a los dioses aproximándose a
través del éter” no parece corresponderse mucho con lo representado por el
pintor. W. H. Auden en su poema “Musée des Beaux-Arts” sugiere que la pintura
puede mostrar la indiferencia de la humanidad ante el sufrimiento, de tal
manera que los hombres (labrador, pastor y pescador) siguen con sus quehaceres
habituales antes la muerte de la figura mitológica (Ícaro).
lunes, 20 de agosto de 2012
La caída de los ángeles rebeldes (Pieter Brueghel el viejo)
En esta obra Brueghel despliega
toda su imaginación creando seres insólitos mediante la arbitraria combinación
de los más diversos elementos humanos, animales e incluso vegetales.
Monstruosas criaturas, patéticas y ridículas al mismo tiempo, deben de encerrar
las más extrañas significaciones, los más rebuscados simbolismos en los que no
se puede penetrar porque sólo la mente del pintor poseía la clave para su
comprensión.
Entre este caos, el arcángel San
Miguel con coraza, espada, escudo y manto flotante, se acomoda a la iconografía
tradicional, aunque estilizándola hasta el límite, al igual que el resto de
ángeles que planean en el espacio superior bajo el limbo luminoso que
representa el cielo. Bajo los golpes de sus armas y el estruendo de largas y curvadas
trompetas está el torbellino de demonios resistiéndose a precipitarse al
abismo.
viernes, 6 de julio de 2012
El empadronamiento de Belén (Pieter Brueghel el Viejo)
Esta obra es una de las más
características de Pieter Brueghel el Viejo. Se representa la llegada de José y
María a Belén para inscribirse en el censo ordenado por el emperador Augusto,
quienes ante la gran afluencia de forasteros a la ciudad, no encuentran posada.
Este tema pierde totalmente su
carácter sacro en el cuadro de Brueghel, quien no solamente prescinde de
cualquier convencionalismo tradicional en la pintura religiosa, sino que
traspone la escena de una localidad de Palestina a una aldea flamenca cubierta
de nieve, con sus características casas de empinadas techumbres, fachadas en
escalera, e incluso, una iglesia con su campanario. Hasta la indumentaria del
amplio espectro de figuras que configuran una multitud de escenas de género, es
la propia de los aldeanos del siglo XVI, nada que ver con la de los judíos de
la antigüedad.
Hay que observar detenidamente el cuadro para
encontrar a José y María que, sin ningún atributo externo ni símbolo que los
diferencie del resto, aparecen en la parte más próxima y casi central de la
composición. María se representa montada en un burro de cuyo ramal tira un
hombre encorvado, José, llevando al lado un buey que acompañará el nacimiento
del Niño en el establo.
Enseguida se adivina que no van a
encontrar alojamiento, porque una multitud se agolpa a la puerta de la típica
posada, puesta bajo la enseña de la Corona Verde. Aquí y allá numerosas
personas se afanan cargando leña, acarreando fardos, construyendo una cabaña,
guisando, patinando, o simplemente charlando. En resumen, se trata de todo un
mundo rural captado con observación certera y con enternecido humor.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
















