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martes, 31 de mayo de 2016

Paisaje nevado con patinadores y trampa para pájaros (Pieter Brueghel el Viejo)


De este cuadro, que Brueguel el Viejo pinta en 1565, y que se conserva en los Reales Museos de Bellas Artes de Bruselas, haría más tarde dos copias su hijo Pieter Brueghel el Joven, una de las cuales se puede ver en el Museo del Prado. El cuadro representa un amplio panorama con una aldea entre cuyas casas serpentea un canal helado salpicado por numerosos personajes patinando o jugando al colf (juego que tiene su origen en el siglo XIII y que causó furor en el XVII, hasta tal punto que los municipios tuvieron que dictar regulaciones que lo restringían a determinadas áreas fuera de la ciudad, y que finalmente quedó prohibido. Sobrevivió en Escocia, y desde allí volvió al continente en el XIX transformado en el golf actual). El papel predominante de la trampa para pájaros a los pies del árbol situado en primer plano y la presencia de los patinadores han llevado a algunos autores a interpretar esta escena como una alegoría moralizante sobre la fragilidad de la existencia humana, que está expuesta a peligrosas trampas.

viernes, 10 de octubre de 2014

El vino de la fiesta de San Martín (Pieter Brueghel el Viejo)


Este cuadro, que se conserva en los Reales Museos de Bellas Artes de Bélgica en Bruselas, es una copia del que hay en el Museo del Prado de Madrid. De grandes dimensiones, como la mayoría de obras de Brueghel, representa una fiesta popular, tema también muy recurrente en el pintor.  

 
Tal y como suele ser habitual en sus cuadros, la composición es muy compleja, con multitud de personajes que se agolpan en torno a un gran tonel rojo, en el centro del cuadro, para conseguir el vino que de él mana. Mientras unos lo beben ávidamente, otros corren con diversos recipientes, incluso sombreros, a recogerlo. No faltan alusiones a las consecuencias del exceso de su consumo, en forma de un hombre que yace inconsciente totalmente ebrio a la izquierda de la composición. No faltan madres que se acercan a recoger el licor con sus hijos, e incluso una de ellas en este mismo lado le da de beber al suyo.

 
A la derecha aparece San Martín de Tours, con elegantes vestiduras, a lomos de un caballo y rodeado de varios mendigos que suplican su auxilio. El Santo, con la espada desenvainada, se dispone a partir su capa para compartirla con uno de estos pobres.




viernes, 26 de abril de 2013

Paisaje con la caída de Ícaro (Pieter Brueguel el Viejo)



Pintura al óleo atribuida a Brueguel el Viejo, aunque con reservas desde que se examinó en profundidad en 1996; es probable que se trate de una versión de un original de Brueguel que se ha perdido. Se desconocía su existencia hasta que la adquirió el Museo de Bellas Artes de Bélgica en 1912. Es la única obra del pintor con temática mitológica y también el único óleo sobre lienzo, ya que el resto de su producción sobre lienzo son témperas.
En la mitología griega Ícaro consiguió volar con alas hechas de plumas pegadas con cera, pero se acercó tanto al sol en su vuelo que la cera se fundió y cayó al mar donde se ahogó. Sus piernas se pueden ver en el cuadro sobresaliendo del agua junto al barco más grande.


El labrados del arado, el pastor y el pescador aparecen citados en “Las Metamorfosis” de Ovidio, relato en el que se basa el cuadro, aunque la descripción que se hace en el mismo de estos personajes que “están asombrados y creen ver a los dioses aproximándose a través del éter” no parece corresponderse mucho con lo representado por el pintor. W. H. Auden en su poema “Musée des Beaux-Arts” sugiere que la pintura puede mostrar la indiferencia de la humanidad ante el sufrimiento, de tal manera que los hombres (labrador, pastor y pescador) siguen con sus quehaceres habituales antes la muerte de la figura mitológica (Ícaro).


lunes, 20 de agosto de 2012

La caída de los ángeles rebeldes (Pieter Brueghel el viejo)


En esta obra Brueghel despliega toda su imaginación creando seres insólitos mediante la arbitraria combinación de los más diversos elementos humanos, animales e incluso vegetales. Monstruosas criaturas, patéticas y ridículas al mismo tiempo, deben de encerrar las más extrañas significaciones, los más rebuscados simbolismos en los que no se puede penetrar porque sólo la mente del pintor poseía la clave para su comprensión.


Entre este caos, el arcángel San Miguel con coraza, espada, escudo y manto flotante, se acomoda a la iconografía tradicional, aunque estilizándola hasta el límite, al igual que el resto de ángeles que planean en el espacio superior bajo el limbo luminoso que representa el cielo. Bajo los golpes de sus armas y el estruendo de largas y curvadas trompetas está el torbellino de demonios resistiéndose a precipitarse al abismo.


viernes, 6 de julio de 2012

El empadronamiento de Belén (Pieter Brueghel el Viejo)

Esta obra es una de las más características de Pieter Brueghel el Viejo. Se representa la llegada de José y María a Belén para inscribirse en el censo ordenado por el emperador Augusto, quienes ante la gran afluencia de forasteros a la ciudad, no encuentran posada.
Este tema pierde totalmente su carácter sacro en el cuadro de Brueghel, quien no solamente prescinde de cualquier convencionalismo tradicional en la pintura religiosa, sino que traspone la escena de una localidad de Palestina a una aldea flamenca cubierta de nieve, con sus características casas de empinadas techumbres, fachadas en escalera, e incluso, una iglesia con su campanario. Hasta la indumentaria del amplio espectro de figuras que configuran una multitud de escenas de género, es la propia de los aldeanos del siglo XVI, nada que ver con la de los judíos de la antigüedad.


 Hay que observar detenidamente el cuadro para encontrar a José y María que, sin ningún atributo externo ni símbolo que los diferencie del resto, aparecen en la parte más próxima y casi central de la composición. María se representa montada en un burro de cuyo ramal tira un hombre encorvado, José, llevando al lado un buey que acompañará el nacimiento del Niño en el establo.


Enseguida se adivina que no van a encontrar alojamiento, porque una multitud se agolpa a la puerta de la típica posada, puesta bajo la enseña de la Corona Verde. Aquí y allá numerosas personas se afanan cargando leña, acarreando fardos, construyendo una cabaña, guisando, patinando, o simplemente charlando. En resumen, se trata de todo un mundo rural captado con observación certera y con enternecido humor.