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viernes, 2 de noviembre de 2012

Carmen Bastián (Mariano Fortuny)

 
Parece ser que Fortuny conoció a Carmen Bastián, una atractiva gitana de 15 años, en el Barranco de la Zorra de Granada. Al igual que otros muchos hombres de la época, el pintor quedó prendido de su belleza y, tras obtener el permiso de su familia, consiguió que posara para él.
Entre los varios retratos que le hizo, en éste la modelo aparece tumbada en un sofá de madera, con la faldas levantadas mostrando su sexo al espectador. Se trata de un retrato erótico donde Fortuny exhibe un acertado dibujo y una pincelada minuciosa a pesar de su rapidez. Aunque la obra está inacabada, la luz baña toda la escena resaltando las tonalidades claras de la piel de Carmen y la puerta. Sorprende el contraste entre la delicadeza del dibujo con algunas partes del cuadro que quedaron sin cubrir, algo característico de este artista.
Se puede considerar esta pintura atípica dentro de la obra de Fortuny, tanto por tratarse de un retrato, género muy poco utilizado por el pintor, como por ser un desnudo de marcado contenido erótico. Se desconoce la naturaleza u objetivo final de esta pintura, aunque bien podría ser un mero divertimento por parte del artista en un intento de transgredir provocativamente la moral de la época.


viernes, 5 de octubre de 2012

La matanza de los abencerrajes (Mariano Fortuny)

Los abencerrajes, cuyo nombre originario era los BanaSarray, fueron una de las familias más relevantes de la política granadina que jugaron un importante papel a lo largo del siglo XV, participando sus miembros en las diversas revueltas socio-políticas que tuvieron lugar en la Granada nazarí.
 
 
 
Fortuny recrea en este lienzo la leyenda según la cual Boabdil ordenó el asesinato de los principales miembros del clan para evitar así las intrigas políticas y fortalecer la corona. Llamó a todos sus rivales a un salón contiguo al Patio de los Leones de la Alhambra y allí los asesinó; desde ese momento ese salón recibe el nombre de los Abencerrajes. Aunque la obra está inconclusa (se aprecia claramente el abocetamiento reinante en la composición) el decorativismo de la estancia donde se llevo a cabo la matanza es digno de elogio, mostrando todos los ornamentos que caracterizan al palacio nazarí con sus variados colores de gran riqueza decorativa. Las figuras están someramente elaboradas aunque podemos dar cuenta de la crueldad del ejecutor que apoyado en la pared dirige su mirada a un grupo de nobles que se arrodilla a la entrada de la sala. La luz tiene un importante papel en esta composición al resaltar los brillos del alicatado e inundar con toda su fuerza la zona central del espacio, creándose un acertado contraste lumínico.


sábado, 2 de junio de 2012

La Odalisca (Mariano Fortuny)

Durante el tiempo que estuvo en Roma como pensionado, Mariano Fortuny se vio obligado a realizar una serie de obras que debía enviar a la Diputación Provincial de Barcelona. Estas composiciones tenían que ser básicamente estudios anatómicos, la copia de un cuadro de un autor clásico y una composición al óleo nacida en la imaginación del artista sobre un hecho de la historia general de Cataluña. Sin embargo, esta pintura fechada en 1861 fue la primera obra que Fortuny mandó a la Diputación.


La temática del cuadro responde al primer viaje del pintor a Marruecos para realizar una serie de cuadros de batallas donde se exaltaran los éxitos del general Prim y los soldados de Cataluña en la Guerra de África. Odalisca es una de sus primeras incursiones en la temática orientalista, aunque adaptó un lenguaje muy convencional y enfocado a la visión europea que se tenía sobre estos asuntos. Fortuny mostró una imagen muy típica del mundo oriental, tratada con anterioridad por otros muchos artistas europeos, como Ingres o Delacroix.
La odalisca, esclava dedicada al servicio del harén del Gran Turco, aparece tendida sobre un paño de seda labrada, sin hacer nada, disfrutando de los placeres de la vida mientras escucha la música que toca un eunuco retirado en la oscuridad de la sala. Al fondo apreciamos diversos objetos de clara inspiración árabe como un arcón de madera labrada con decoración geométrica, una bandeja de plata o una pipa de agua junto a una pequeña taza de té.


Mediante la voluptuosidad de las formas desnudas del cuerpo de la odalisca, el pintor transmitió gran sensualidad y hedonismo. Por lo que se refiere a la técnica, cabe destacar la gran maestría con que recrea los efectos de la luz sobre las carnes de la odalisca. Pese a la disconformidad de una parte de la crítica, el éxito de esta pieza entre el público fue notable.