Parece ser que Fortuny conoció a
Carmen Bastián, una atractiva gitana de 15 años, en el Barranco de la Zorra de
Granada. Al igual que otros muchos hombres de la época, el pintor quedó
prendido de su belleza y, tras obtener el permiso de su familia, consiguió que
posara para él.
Entre los varios retratos que le
hizo, en éste la modelo aparece tumbada en un sofá de madera, con la faldas
levantadas mostrando su sexo al espectador. Se trata de un retrato erótico donde
Fortuny exhibe un acertado dibujo y una pincelada minuciosa a pesar de su
rapidez. Aunque la obra está inacabada, la luz baña toda la escena resaltando
las tonalidades claras de la piel de Carmen y la puerta. Sorprende el contraste
entre la delicadeza del dibujo con algunas partes del cuadro que quedaron sin
cubrir, algo característico de este artista.
Se puede considerar esta pintura
atípica dentro de la obra de Fortuny, tanto por tratarse de un retrato, género
muy poco utilizado por el pintor, como por ser un desnudo de marcado contenido
erótico. Se desconoce la naturaleza u objetivo final de esta pintura, aunque
bien podría ser un mero divertimento por parte del artista en un intento de
transgredir provocativamente la moral de la época.




